sábado, julio 13, 2024
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    Biden advierte que no le enviara mas bobas a Israel

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    El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha declarado que, si las Fuerzas Armadas de Israel entran en la ciudad de Rafah, en Gaza, suspenderá el envío de las municiones que ese país está usando más en la guerra, lo que supone sobre todo bombas de aviación y obuses de artillería. De hecho, la semana pasada EEUU ya dejó de mandar las bombas empleadas por la Fuerza Aérea de Israel, aunque no lo hizo público hasta el martes por la noche.

    La decisión pone de manifiesto la irritación de Biden con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. La última vez que EEUU suspendió la exportación de armas a Israel fue hace casi 42 años, en agosto de 1982, cuando el entonces presidente, el republicano Ronald Reagan, vetó la entrega de bombas de racimo que, tras explotar en el aire, liberaban 272 bombas de menor tamaño, y que Israel estaba empleando en el cerco de Beirut, la capital de Líbano, una ciudad que entonces tenía dos millones de habitantes.

    La posición de Biden es, sin embargo, mucho más dura que la de Reagan, y de manera indirecta refleja el tremendo poder que EEUU tiene sobre Israel, un país cuya defensa está en buena medida sufragada por el contribuyente de EEUU. Finalmente, es un reflejo de las divergencias estratégicas sobre la guerra. EEUU cree que Israel está actuando en Gaza como si fuera Rusia, a cañonazo limpio, en lugar de llevar ataques selectivos contra Hamas sin enfrentarse con la totalidad de la población del enclave y causando así una crisis de relaciones públicas internacional.

    Biden lanzó la advertencia en una entrevista en el canal de noticias CNN. “Los civiles han muerto en Gaza como consecuencia de esas bombas y de otras maneras [sic] que usan para entrar en los centros de población”, dijo Biden en referencia al uso de bombas de una tonelada de peso – la mitad del cual es explosivos – usadas por las Fuerzas Armadas israelíes. “He dejado claro que, si entran en Rafah – algo que no han hecho todavía – no voy a suministrarles esas armas que han usado históricamente en las ciudades”, añadió.

    La amenaza supone un salto cualitativo en la creciente divergencia entre EEUU e Israel por la conducción de las operaciones militares del Gobierno de Benjamin Netanyahu. EEUU ha ido pidiendo sin éxito a Israel que modere sus operaciones en Gaza y que permita la entrada de más ayuda humanitaria a los aproximadamente 2,3 millones de personas que viven en el enclave casi desde el principio del conflicto. Pero en las últimas semanas, lo que era una cuestión de política exterior ha empezado a convertirse en un asunto interno para Biden.

    Las protestas en los campus estadounidenses han ido creciendo y, con ellas, el peligro para las aspiraciones de Biden de lograr la reelección en noviembre. Los riesgos para el presidente no viene solo de los jóvenes sino, también, de sus propios correligionarios, ya que 88 de los 213 miembros del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes han amenazado con bloquear la entrega de más ayuda militar a Israel, un país que recibe cada año 3.800 millones de dólares (más de 3.500 millones de euros) en ayuda militar directa de EEUU, a los que se suman ahora 26.000 millones de dólares más aprobados el mes pasado por el Congreso, si bien en esa cantidad han también ayuda humanitaria para Gaza.

    LA POSTURA ISRAELÍ
    La actitud de Tel Aviv, sin embargo, no ha cambiado. El embajador israelí en Washington, Michael Herzog, respondió a las demandas de los 88 demócratas negando que su país haya cerrado el acceso a Gaza, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha insistido en el derecho de su país a entrar en Rafah.

    A eso se ha sumado el asesinato, el 2 de abril, de siete trabajadores de la ONG World Central Kitchen (WCK), fundada por el cocinero asturiano José Andrés que, paradójicamente, también había ayudado a los israelíes en los días posteriores al 7 de octubre, cuando la organización terrorista Hamas, que controlaba Gaza, lanzó un salvaje ataque en Israel en el que fueron asesinadas 1.200 personas, en su mayor parte civiles, y otras 250 fueron tomadas como rehenes (alrededor de 1.100 miembros de Hamas murieron en los atentados). La acción contra WCK ha tenido un tremendo impacto en EEUU, donde Andrés es muy popular e incluso tiene el cargo de asesor de la Casa Blanca en materia de salud y nutrición.

    Esas demandas han hecho que Tel Aviv haya suspendido durante varias semanas las operaciones contra Rafah, en el extremo sur de la franja, y el punto crítico en la distribución de ayuda en el territorio. En la última semana, sin embargo, el Ejército de Israel ha tomado el puesto fronterizo de Rafah y ha iniciado una campaña de bombardeo en la parte Este de la ciudad, mientras ha pedido a los más de un millón de palestinos que están en la localidad que la abandonen y se trasladen al Norte. Según las ONGs que operan en la zona, no hay infraestructura para atender a ese movimiento de población.

    El embajador de Israel ante las Naciones Unidas calificó de “muy decepcionante” la amenaza del presidente estadounidense. “Es una declaración difícil y muy decepcionante de parte de un presidente al que hemos estado agradecidos desde el comienzo de la guerra”, dijo Gilad Erdan a la radio pública de su país, en lo que es la primera reacción oficial de Israel.

    “Está bastante claro que cualquier presión sobre Israel, cualquier restricción que se le imponga, incluso de aliados cercanos preocupados por nuestros intereses, es interpretada por nuestros enemigos” y “les da esperanza”, agregó. “Si se impide a Israel entrar en una zona tan importante como el centro de Rafah, donde hay miles de terroristas, rehenes y dirigentes de Hamas, ¿cómo se supone que se va a lograr el objetivo de aniquilar a Hamas?”, se preguntó el embajador israelí.

    Israel afirma que la operación en Rafah es “limitada” y que no se trata de un ataque contra Rafah. Pero Estados Unidos, evidentemente, no se acaba de creer eso. En el Gobierno de Biden existe una considerable irritación hacia la actitud de Netanyahu, cuya relación personal con el presidente es pésima. La Casa Blanca cree que el primer ministro israelí, en parte porque necesita el apoyo de los fundamentalistas judíos para seguir en el poder y en parte por convicción, está actuando con total libertad de acción sin tener en cuenta que EEUU prácticamente sufraga toda la defensa del país, incluyendo sistemas antimisil como la Cúpula de Hierro o la Honda de David, que son israelíes pero financiados por Washington.

    Hay, además, una diferencia conceptual en la idea estratégica de la guerra. Estados Unidos cree que Israel, una vez que ha derrotado militarmente a Hamas, debe llevar a cabo una campaña de contrainsurgencia clásica, por medio de ataques de precisión contra los líderes de la organización terrorista. EEUU también tiene la convicción de que Israel debe seguir la llamada “estrategia de la mancha de aceite”, que el ex general y ex director de la CIA David Petraeus define en su último libro ‘Conflict’, coescrito con el historiador británico Andrew Roberts, como “despejar, mantener y reconstruir un área, y luego expandirla, igual que una mancha de aceite se desparrama, repitiendo el proceso una y otra vez en áreas contiguas hasta que una región cada vez más grande es segura y reconstruida”.

    En lugar de ese sistema – que Petraeus aplicó con éxito en Irak, pero que fracasó en Afganistán – Israel está llevando a cabo una campaña convencional con artillería y bombarderos contra una guerrilla urbana. Es el mismo estilo de guerra que Rusia empleó en Grozni, la capital de Chechenia, y que concluyó con la destrucción completa de la ciudad. La gran diferencia es que Moscú no tiene que preocuparse de su opinión pública ni de la del resto del mundo, mientras que Tel Aviv y Washington no pueden permitirse ese lujo. A EEUU también le preocupa la indiferencia de Netanyahu por el futuro de Gaza, es decir, quién va a gobernar el enclave. El caos se ha apoderado de gran parte de la región, y están empezando a proliferar las milicias armadas, en muchos casos dedicadas al bandolerismo, lo que puede desencadenar también la aparición de grupos islamistas mucho más radicales que Hamas.

    Washington querría que Israel pasara, así, a una guerra más localizada, con un proyecto político, que permitiera, por ejemplo, seguir avanzando en el deshielo de las relaciones entre ese país y Arabia Saudí. De hecho, si Netanyahu accediera a ello y aceptara el principio de los dos Estados – uno judío y otro palestino – sería posible incluso la apertura de relaciones diplomáticas plenas entre Tel Aviv y Riad. Por el momento, sin embargo, eso es imposible, nuevo debido a los ‘ultras’ en el Gobierno de Netanyahu y, también, a las posiciones ideológicas del primer ministro.

    Agencia.

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