Enrique Serna los llama, de entrada, “cuentos crueles”, y así lo sugiere, de alguna forma, la pintura que funge como portada de su nuevo libro, donde un fantasma de oscuras intenciones visita en su cuarto, en calidad de confidente e instigador, a un hombre que lo escucha atento.
Si no se consulta la referencia, que indica que se trata de una obra macabra de Josef Mandl (1874-1933), bien podría pensarse que ese hombre es el propio Serna, cuyo parecido con el modelo que usó el pintor checo en el siglo 19 es asombroso.
“Parece, en este caso, que es un fantasma que me está recitando ideas perversas al oído”, celebra el escritor, quien sugirió usar esa pintura como portada, todavía divertido con el hallazgo de su döppelganger, su doble espectral, que le presentó un lector hace unos años.
Los siete relatos que conforman el libro Lealtad al fantasma (Alfaguara) quedan así bien representados, pues todos hablan sobre la pérdida de voluntad, del libre albedrío, que una persona experimenta ante una situación extraordinaria en su vida.
Ahí está, por ejemplo, el caso del parco y timorato profesor de historia Fidel Ramírez, quien ve su vida completamente trastocada ante los que -considera- son avances sexuales por parte de una de sus alumnas en una preparatoria privada del sur de la Ciudad de México.
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