Miles de personas han salido a las calles en Estados Unidos este viernes como parte de un movimiento de protesta nacional en contra de las tácticas y operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y en demanda de cambios en las políticas migratorias federales.
Las manifestaciones se han organizado bajo la consigna de un “paro nacional” o national shutdown que incluye llamadas a no trabajar, no asistir a clases ni hacer compras como forma de presión social contra las acciones de ICE y la política de inmigración de la administración del presidente Donald Trump.
Las protestas —que se extienden por varias ciudades importantes como Minneapolis, San Francisco y Nueva York— son una respuesta al creciente descontento público tras la muerte de al menos dos personas a manos de agentes federales de inmigración en Minnesota, un hecho que ha intensificado la indignación contra el uso de fuerza por parte de ICE.
En varias regiones, los manifestantes se han concentrado en plazas, calles y frente a edificios públicos, y escuelas y negocios han cerrado voluntariamente en señal de solidaridad con el movimiento, especialmente en zonas como la Bahía de San Francisco y San Antonio.
El llamado a la protesta también ha generado reacciones de diferentes actores sociales: organizaciones estudiantiles, sindicatos, familias y asociaciones comunitarias participan en marchas, paros escolares y otras acciones de protesta para exigir accountability (rendición de cuentas), el fin de las prácticas agresivas de inmigración y, para algunos grupos, incluso la abolición de ICE.
Estas movilizaciones se enmarcan dentro de una ola de descontento más amplia por las medidas migratorias y de seguridad interna implementadas por el gobierno estadounidense, intensificadas en los últimos meses y que han derivado en protestas previas desde principios del año



