La Copa del Mundo de 2026, que se celebrará de manera conjunta en México, Canadá y Estados Unidos, no corre riesgo hasta el momento, pese a los recientes señalamientos sobre un ataque del gobierno estadounidense, encabezado por Donald Trump, contra Venezuela.
En las últimas horas han surgido cuestionamientos sobre si este conflicto podría impactar la realización del torneo, debido a que la FIFA y otros organismos deportivos internacionales suelen pronunciarse en favor de la paz mundial. Sin embargo, hasta ahora ni el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ni el organismo rector del futbol han emitido algún comunicado oficial al respecto.
De acuerdo con la planificación actual, Estados Unidos será el principal anfitrión del Mundial, al albergar 78 de los 104 partidos programados, por lo que cualquier cambio tendría implicaciones logísticas de gran magnitud.
¿Qué establecen los estatutos de la FIFA?
Los estatutos de la FIFA contemplan principios como la neutralidad política, la prohibición de discriminación y la autonomía de las federaciones nacionales frente a la injerencia gubernamental. Además, reconocen el respeto a los derechos humanos como marco general de actuación.
No obstante, el reglamento no contempla sanciones automáticas contra países por decisiones de política exterior, acciones militares o conflictos internacionales ajenos al ámbito futbolístico. La FIFA sanciona federaciones, no gobiernos, y solo interviene en casos como:
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Injerencia directa del Estado en la federación nacional.
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Violaciones graves a los reglamentos del futbol.
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Riesgos comprobados para la seguridad de las competiciones.
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Sanciones internacionales formales, como resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.
Antecedentes históricos
Casos como la exclusión de Sudáfrica durante el apartheid, la suspensión de Yugoslavia en los años noventa o la de Rusia tras la invasión a Ucrania respondieron a contextos de sanciones internacionales, discriminación sistemática o riesgos operativos para las competencias.
En ese sentido, especialistas subrayan que no existe un fundamento reglamentario para afirmar que Estados Unidos deba ser vetado como sede del Mundial 2026 por acciones de política exterior. Si bien puede existir debate ético o político, este no se traduce en una obligación automática para la FIFA.
Por ahora, el Mundial 2026 continúa conforme a lo previsto y sin señales oficiales de que su organización esté en riesgo.



